El síndrome de la abeja reina

No necesitamos ser antropólogos para saber que la percepción de una mujer como bella es inversamente proporcional a su número. Me explico: mientras menos mujeres por cantidad de hombres, más cotizadas se vuelven las primeras. En el mundo hetero, por supuesto. Sucede en las fiestas, en lo salones de clases, en cualquier evento social, incluso en las redes sociales, como twitter. A falta de opciones, las únicas que hay se vuelven más apetecibles. Es un simple ejemplo de oferta y demanda. Por otra parte, hay mujeres que precisamente aprovechan este fenómeno para edificarse una vida arriba de una autoestima enclenque, un panal sobre una ramita. Una sola hembra y toda una colonia de machos a su disposición. Hablo del síndrome de la abeja reina. Usted, mi querido lector, seguramente conoce alguna abeja reina por allí.

Las abejas reinas no suelen ser físicamente agraciadas. No son nunca las mujeres guapas o bonitas que naturalmente atraen a los hombres sin necesidad de obliterar a la competencia. Por lo mismo, las abejas reinas tienen que recurrir a ropa extremadamente reveladora, muchos escotes, faldas cortas, telas transparentes, y una actitud acorde a ese look. Buenas estudiosas del comportamiento humano, las abejas saben que es un hecho de la vida que unas glándulas mamarias a la vista hacen que la cara o el resto del cuerpo pasen inadvertidos. Las abejas reinas se rodean de puros hombres. Pueden tener un séquito de chicos gay, o bien una chica más fea que ellas, como especie de patiño o doncella, pero en general se conducen solamente rodeadas de testosterona de cualquier tipo. La idea general es repeler a cualquier otra mujer.

Las abejas reinas suelen ser ruidosas y usar un tono alto de voz, para llamar la atención de los machos cercanos. Su vocabulario es siempre muy sexual y explícito: no dudan en anunciar a los cuatro vientos cuánto tiempo llevan sin tener relaciones, o qué antojos carnales tienen en esos momentos, o qué habilidosas son con ciertas partes de su anatomía. No paran de preguntarse con una inocencia propia de Marilyn Monroe por qué las odian las demás mujeres, sobre todo las esposas y novias de sus conocidos, si ellas son tan buenas y lindas. Las tecnológicamente “in” suelen subir fotografías explícitas de acercamiento a ciertas partes de su cuerpo, que funcionan con sus “followers” masculinos más o menos de la misma manera que la luz de esos peces horrendos de las profundidades: atraen a los incautos a lo brillante, haciendo que pasen por alto el resto.

Claro que aquí no hay promesa de muerte, pues las abejas reinas no son mantis religiosas. Todos conocemos el sabio refrán que habla del pan obsequiado gratuitamente y la consiguiente ausencia de lágrimas. Tal vez sólo haya un poco de resquemor, de parte de ellos, como cuando uno se mete a una alberca pública cuyo mantenimiento está a cargo del municipio. Aún así, las abejas reinas apuestan a la golosidad del oso, que a pesar de que podrá lastimarse se atreve a meter las garras dentro del panal. Emprendedoras, las abejas reinas saben que no todo en la vida son princesas disney. Ellas se dirigen a otro segmento del mercado viril. No esperan joyas culposas de sus amantes casados que no dejan a sus esposas, ni departamentito junto al mar. Mucho menos aspiran al anillo de compromiso, el vestido blanco y los niños, al menos no lo admitirán jamás. Pero se les ve en los ojos: sólo buscan aliviar un poco la soledad, como todos los demás.

2 responses to “El síndrome de la abeja reina

  1. En realidad es un tema sumamente interesante. En mi universidad hay tantas de esas… /: y ellos no parecen darse cuenta de lo que son en realidad, a de ser porque su “belleza” los ciega.

  2. Rocío
    Te enfocaste nada más en el ambito sexual, y no en todas las areas, la abeja reina es la que en el ambito laboral, quiere ser la unica en cuanto a desemmpeño, y no se lleva bien con las otras por causa de temor a que le quiten la admiración de sus compañeros.

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