Los tejemanejes de la fe, o de como la religión se alimenta de la ignorancia

The most violent element in society is ignorance. (Emma Goldman)

Aborto no: protegemos a la vida, precisamente para esto.

Cuando leí que el predicador personal de Benedicto XVI, Raniero Cantalamessa, dijo durante un sermón que los ataques a la Iglesia Católica y al Papa por los escándalos de abusos sexuales son comparables a la “violencia colectiva” en contra de judíos, no podía creerlo. Creo que asperjé parte de mi café sobre el periódico. ¿Que qué? ¿Cómo podía comparar la persecución histórica de los judíos ha causado la muerte de decenas de millones de personas inocentes, con los autores que abusan de su fe y de su labor abusando sexualmente de niños? Luego vino la disculpa (tan de dientes para fuera que da náuseas), pues seguramente su agente de relaciones públicas le aconsejó hacerlo. No me extraña el comentario de Cantalamesa, luego de que la Iglesia Católica colaboró codo con codo con los Nazis, y el mismísimo Papa fue parte de la juventud hitleriana. Con ganas de tirarles a todo una taza de café caliente en la cara, por decir lo menos. Pero eso sería un desperdicio. Mejor sería sentarme a conversar, café de por medio, con mujeres inteligentes que tendrían mucho qué decir de los desbarres de la Iglesia Católica.

Emma Goldman

Una es Ayn Rand (1905-1982), filósofa, novelista, dramaturga y guionista. La otra es Emma Goldman (1869-1940), escritora, anarquista, activista. Rusas judías emigradas a Estados Unidos y diametralmente opuestas en el espectro político (la primera capitalista, la segunda anarquista), ambas coinciden en las bondades del individualismo y en lo dañino de la religión en general y la católica en particular. Sabemos también que esta “sacra” institución es famosa por su misoginia e inequidad en cuanto a género se refiere. Las mujeres no son más que las sirvientas de los sacerdotes o las máquinas para producir más fieles (que pagarán sus diezmos) y por eso históricamente la iglesia les ha prohibido pensar, opinar, educarse y hasta hace poco, tener un alma. Más de cien años después, las ideas de estas mujeres aún resultan peligrosas y revolucionarias para este club de hombres con faldas.

Ayn Rand

Goldman estaba segura de que el control natal era esencial para la libertad económica y sexual de las mujeres.  En su libro “Of living death”, Rand critica al Papa Pablo VI por su encíclica en la que se opone a los métodos anticonceptivos. Goldman creía también que la religión es inherentemente represiva, mientras que Rand decía que cuando los seres humanos abandonan la razón y la libertad, ese hueco lo llena la fe y represión. Yo no creo en dios porque creo en el hombre, decía Goldman. Todo lo que el hombre necesita lo tiene que descubrir a través de su propia mente y producido por sus propios esfuerzos. No hay dios: hay inteligencia y trabajo, decía Rand. La religión, como los gobiernos, abusan de las personas. Cristo y sus enseñanzas son la personificación de la sumisión, de la inercia irracional, de la negación de la vida. De allí las cosas atroces que se han hecho en nombre de dios, pensaba Goldman. La fe es nociva para la vida humana: es la negación de la razón, de la inteligencia humana, era la opinión de Rand. El concepto de un mundo real, con todas sus hermosas posibilidades, es contrario a ese mundo irreal con sus espíritus y sus oráculos, sus culpas maliciosas y falsas promesas que mantienen a la humanidad en el desamparo y la degradación que propone la Iglesia, decía Goldman. La religión es la ideología que se opone al disfrute del hombre de su propia vida sobre el planeta, haciendo pasar al sexo como un mal necesario, y de allí tanta represión y censura, se quejaba Rand.

Habría que liberar el pensamiento humano, a las personas, del dominio estupefaciente de la religión, dirían este par. Tal vez sólo así podrían las víctimas de los abusos sexuales de los sacerdotes católicos, solapados y cobijados la Iglesia, ver un poco de justicia. Tener al menos una prueba palpable de que, como tanto predican, les importa la vida humana y se preocupan por los niños. Amén.

8 responses to “Los tejemanejes de la fe, o de como la religión se alimenta de la ignorancia

  1. Hay un libro de Doctorow, Ragtime, que la pinta muy bien a la Goldman. Yo me quedo en esa novela con el gran Houdini. Digresión aparte, generalizar no sirve, es una gran tentación pero no sirve. Tampoco la descalificación hacia quienes creen o la presuposición de que son drogados culturales si cuentan con una religión. No sé, en todo caso, qué es peor, si abrazarse a la razón y a la desesperación y el trabajo o a un Di-s invisible o a todas las cosas juntas. Bah, sí sospecho qué es peor y sí estoy seguro qué tipo de engaños son esas ficciones llamadas “libertad, igualdad, fraternidad”; luego, ¿quién está libre de la represión, sea religiosa, política, mediática o materna? Y generalizar, decía. Decir que todos los curas son pedófilos, eso es presuponer demasiado. Que hay quienes tienen esa inclinación perversa es indiscutible. Que sean todos esos una mierda, también. Pero anticiparnos a decir que toda sotana guarde bajo sus polleras oscuras intenciones es como creer que el espíritu del judaísmo es el Estado de Israel o que todos los musulmanes van caminando con bombas dentro de sus turbantes. O que los chinos sólo comen arroz. Luego, claro, hay frases desafortunadas como esa de comparar esto con el Holocausto. Pero más allá de esas zonas discursivamente absurdas, prefiero, al menos yo, mirar el horror de las noticias como tales, sin sacar conclusiones apresuradas. Tu amigo lejano, conservador, sexy y católico.

    • Liliana V. Blum

      Javier, yo no equiparaba la creencia en un Dios (el que sea) con la institución que ha resultado ser la Iglesia Católica, ni con el discurso que manejaba Jesús (el cual no me parece tan mal del todo, si en verdad se llevara más a la acción y no se quedara por allí volando). Desde luego que no todos los sacerdotes católicos son pederastas (una gran mayoría tiene sus mujeres y unos cuantos hasta practican el celibato). Lo cierto es que la institución que gobierna el viejito del Vaticano se ha distinguido no sólo por no condenar los actos de pederastia que han cometido muchos de sus sacerdotes, sino por tratar de sobornar o amendrentar a las víctimas para que no denuncien, y por proteger a sus miembros para que no reciban el mismo tratamiento que por ley les correspondería. Está documentado que los cambian de parroquia, de ciudad, de país, que pagan sobornos a jueces. Justo hace unas semanas, Onésimo Cepeda, un obispo de acá, dijo aludiendo a los que acusan de abuso sexual al difunto padre Maciel, que seguro que les gustó, porque se tardaron tanto en denunciar. Imagina eso. También es un hecho que para la iglesia católica la mujer ha tenido un papel secundario, sino es que terciario, prueba es que no son equivalentes a los ojos de Dios como para realizar los mismos servicios que sus contrapartes masculinas; a lo mucho que pueden aspirar es a ser “siervas de Dios”, o concubinas de padres (conozco personalmente a varias, incluso a hijos de sacerdotes). No generalizo. He conocido un par de personas en la Iglesia Católica que no son ni pederastas ni encubridores de los mismos. Pero lo cierto es que la Iglesia Católica, con todo su poder (económico, moral, etc.) ha cometido el pecado de omisión en cuanto a hacer algo al respecto de estos casos de pederastia. Ahora con todo el mundo apuntandolos con el dedo, se enredan en vericuetos legales, porque creo que más que otra cosa, les preocupa la mordida a sus arcas que la reparación a estas víctimas supondrá. El asco ante estos actos de pederastia y su encubrimiento resulta más pronunciado porque el pederasta común no se disfraza con el discurso cristiano. Por otra parte, creo que las religiones le han hecho mucho daño a la humanidad porque hacen del no pensar una virtud. Y no me refiero a la católica solamente. No es que quiera generalizar, pero sucede, casualmente, que en esta última es donde prevalecen los casos de pederastia. ¿Mala coincidencia? Uno no escucha de los rabinos pederastas, de los imanes pederastas, de los pastores pederastas, de los lamas pederastas. Mis respetos para los seguidores de cualquier fe y para sus guías que verdaderamente hacen lo que predican. Y tú, lejano-conservador-sexy-católico, sabrás perdonarme. Sobre todo porque ya acabé tu libro y me ha parecido muy bien.

  2. Liliana, con el final de tu comentario a mi comentario me dejaste contento, tan contento como a una chica que acaban de piropearle sus piernas. Y con el desarrollo inicial también. Entiendo tu rabia. Aquí en mi país ha habido casos muy escandalosos; en todas partes se están sucediendo y es bueno que salgan a la luz, es bueno que se sepa; nadie por tener sotana tiene el cielo garantido ni ha sacado patente de bueno y eso es lo mejor que puede suceder: el clericalismo por el clericalismo mismo es nefasto. De todos modos el sentido de la religión, creo que de cualquier religión, no se encuentra en la sumisión por la sumisión misma al sayo, sino en cuestiones que sí, que nada tienen que ver con la razón, que se asocian con el dogma, la verdad revelada, la ortodoxia, cuestiones muy irracionales todas y que, sin embargo, algunos necesitan creer, creer tanto en ellas como en los baños para defecar en ellos; hay quienes pueden aguantarse las ganas un rato más, hay quienes no, claro. Y sí, es un buen camuflaje para el pederasta hacerse cura, como también lo es ser psicólogo o maestro, por mostrarte otras dos profesiones donde la pederastia siempre es noticia o está asociada a esas maneras de ganarse el pan. Con eso ninguno de estos hijos de mala madre quedan justificados, por supuesto, como tampoco la omisión a la que hacés referencia. Ni todo el largo pasado (milenario) de la Iglesia Católica, ese pasado oscuro pero también lleno de hechos luminosos: San Juan de la Cruz es uno de esos últimos casos. No puede taparse el sol con las manos, reza el lugar común, y sí, no se puede silenciar aquello de lo que hay evidencia. Te aseguro que es difícil querer creer (como Unamuno, como Pascal) en un Di-s invisible, que te dice qué hacer y qué no y que te lleva a tus seres queridos o los enferma y que hizo esta vida así y no de otra manera, con todo eso del libre albedrío, Adán, Eva y la manzana, y más aún lo es cuando estos pastorcitos resulta ser que hacían aquello que decían no hacer. Es difícil mantenerse firme en cualquier principio, creo, en cualquier religión y en cualquier ideología, si uno se fija qué hacen y cómo viven aquellos que pontifican y cuando uno cuestiona lo incuestionable (la fe es eso, algo que no se discute, parece lamentable, pero no puede discutirse aquello que es ilógico). No obstante todo lo anterior, prefiero seguir en la utopía de ciertos principios, prefiero seguir creyendo hasta en la infalibilidad papal en materia dogmática, a la vez que reniego de los ejemplos horribles que se presentan; creo además que eso, hoy, me convierte en un sujeto bastante atípico, y no puedo ocultar el costado frívolo de todo esto. Por último, no le doy demasiado crédito al pensamiento como garante de algún tipo de verdad, más allá de aquellas que surgen de la probabilística científica en la investigación aplicada. Esa última frase fue demasiado ya. Te mando muchos, muchísimos saludos. Y otra vez mi alegría aquí en estas letritas porque te haya gustado mi librito con ese tipo llamado Zamudio. Besos.

  3. Oxímoron del día: Sexy Católico.

    No me extraña en lo más mínimo que alguien que se diga católico no le de “demasiado crédito al pensamiento como garante de algún tipo de verdad”… pues lo que ellos reconocen como “verdad” requiere indispensablemente de evitar semejante cosa.

    Es verdad que la Blum generliza… y la generalización que hace es perfectamente válida… como decir que los chinos comen mucho arroz (no únicamente arroz, ojo)… pero claro.. para decidir si una generalización es válida o no… bueno, hay que pensar… que fastidio!

  4. En la lectura de Del sentimiento trágico de la vida, de Miguel de Unamuno, hay justamente todo un desarrollo pensado acerca de la imposibilidad de la razón para ciertos asuntos como, por ejemplo, Di-s, la trascendencia y la necesidad ridícula de las personas de querer creer en algo o en Olga. Si Ud., Haciendas del Rull, deposita su fe en la dialéctica cartesiana, allá Ud., que en gustos no hay nada escrito, y no voy a ser tan ingenuo de creer que lo voy a convencer de nada. Sepa, por lo menos, que no se trata sólo de algo propio del católico ese descrédito a la razón. En cuestiones vinculadas con la verdad revelada, sea esta la del pueblo de Israel, Mahoma o el cristianismo, apelar a la razón en muchos casos es inútil. Porque la verdad revelada (no hablo de la religión propiamente, que sí posee una racionalidad y una filosofía, cualquiera sea) es improbable, carece de pruebas fidedignas, “científicas”, y es absolutamente reprobable desde la razón. Tan reprobable e irracional como el deseo humano de trascender, de ser inmortal, de tener hijos y que no mueran y de amar porque sí, aunque ello suponga la ruina de uno.
    Saludos, el Duque de Oxímoron.

    • Liliana V. Blum

      Javier, sólo una duda. ¿Por qué es reprobable querer trascender y de preservar la vida de los hijos? Entiendo que puede ser ingenuo, futil, irracional tal vez (porque es instintivo, al menos lo de querer que los hijos no mueran), pero ¿por qué reprobable?
      De amar, bueno, yo no podría amar a mis enemigos o a quien no conozco, pero amar porque uno quiere amar, amar porque eso lo hace feliz a uno (que es la forma más humana y egoísta de amar), tampoco creo que sea reprobable. El amor hace tanto bien. Mira que lo sé yo. ¿Por qué es reprobable?

  5. Duque de Oxímoron,
    No confundas falta de ingenuidad con falta de capacidad. Hace falta ser muy ingenuo para ser católico . Para convencer a alguien como yo, hace falta ser capaz de presentar argumentos.

    Como para ti la cuestión es de gustos y asumes que yo deposito lo que no tengo (fe) en lo que no conozco… mejor perdóname y pon la otra mejilla.

  6. Haciendas, no llego a comprender la segunda parte de su comentario. Después sí, no confundamos ingenuidad con estupidez. Lo que no creo es que la ingenuidad tenga alguna connotación negativa. Finalmente, Ud. pide argumentos, y los hay, claro. Pero no creo que lo convenzan por la sencilla razón de que se trata de probar la existencia de la mostaza, sino la de Di-s. Y probar eso con argumentos supondría, por un lado, remontarnos históricamente a los hechos, por otro, desempolvar a Aristóteles (especialmente la ética nicomaquea) y por otro más debería ser necesario el tratamiento de numerosos eventos “milagrosos”, es decir, despreciados por la ciencia o todavía no refutados por ella (y ahí sé que Ud. daría media vuelta diciéndome que soy un ingenuo que se cree mentiras infantiles). En cuanto a tu pregunta, Liliana, lo que quise decir es que no es explicable por la razón la voluntad de tener por ejemplo hijos (a menos que uno los quiera tener para convertirlos en Messi o en algo que dé algún rédito), ni tampoco la razón creo que nos aplaude por quererlos desinteresadamente y por desear (así uno sea ultra-ateo) que sean eternos (¿o alguien se resigna a la muerte de los hijos?, ¿o alguien realmente asume eso sin protestar?) Y es en esa resistencia a lo razonablemente aceptado (la muerte, que todos morimos), al menos ahí es que la razón se enfada y nos dice “ingenuos”. Porque la razón sólo sabe, como el anatomista, examinar cuerpos muertos, imágenes congeladas de algo. La razón es incapaz de explicar por qué alguien ama sin cálculos, no para sentirse bien, sino por el mero hecho de querer. La razón no puede explicar por qué alguien tiene un hijo sin mayor perspectiva que la de tenerlo y quererlo. De hecho, pregúntenle a la razón qué es el amor y dónde se encuentra y para qué sirve. O pregúntenle dónde se encuentra la angustia. Lo único que puede hacer es hablarnos de neurotransmisores en esos casos, de funciones químicas del cerebro. Y esa es la ciencia. Y la ciencia da sus pastillas. Pero con las pastillas no termina de alcanzar, a mí al menos no me alcanza, y por eso no sólo trato de creer, sino que leo, escribo, estoy acá sentado, ¡improductivamente sentado!, me grita mi razón. En fin en fin. (Me faltaba aclarar: lo del gusto no fue en sentido literal, no creo que creer o no creer sea cuestión de gustos.) En fin, Haciendas no se impaciente. Aquí está mi otra mejilla si quiere golpearla. No tengo de qué perdonarlo porque nada me ha hecho. Y Liliana, mejor me retiro de esa saga de comments, ya me siento un troll. Besos.

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