Qué mala es la gente

SNAG-092

De todo hay en la viña del señor, decía alguna de mis abuelas. La bondad y la maldad humana van desde los mártires/héroes/beatos hasta los sicópatas/políticos/dictadores de cualquier color, pasando por todo lo que hay entre ambos extremos. La mayoría de las personas paseamos por esa curva de la norma, mediocremente buenos, mediocremente malos. Siempre me ha llamado la atención la gente extraordinaria de las orillas: es tan poca (considerando el tamaño de la humanidad) que a veces sólo se puede saber sobre ella en los libros o periódicos.

En esta ocasión, sin embargo, me ocupa la gente pichicata que nunca cometerá un asesinato ni tampoco salvará una vida, los que nunca serán traidores de libros de historia ni tampoco llegarán a sembrar un árbol. Me refiero a la gran mayoría que vive en una especie de sopor desde que tiene uso de consciencia hasta que la pierde. La gente que se sumerge en lo cotidiano, que no piensa jamás si está haciendo algo por los demás,  si dejará alguna huella al morir, pero que se alivia el alma con el shopping, la televisión, con ser vista en el lugar correcto con las personas correctas, o por mirarse en la sección de sociales. La que no peca ni siquiera por acción, sino por omisión. La que es tan pobre que no tiene más que dinero (gracias Sabina), la que es tan gris que no ve más allá de su propia nariz.

Pues a esa gente, digo, ¿cómo se le reconoce? No es nada complicado en realidad. Tienen el alma tan pequeña que no pueden ni siquiera darse el lujo de usar un pedacito, mezquinos de los actos más simples. Por ejemplo, cuando paseo a mi perra por la calle, en un fraccionamiento cerrado, y saludo a los vecinos que pasan en sus carros de frente a mí, sin responderme el gesto. Hay un breve contacto visual, mi mano y mi sonrisa, y luego ese mirar de ellos obstinado hacia el frente, pretendiendo que nunca me vieron. Suele suceder más con las mujeres; al parecer los hombres son un poco más afables.

Es también el peatón a quien se le cede el paso afablemente y cruza sin un gesto esbozado de agradecimiento, como si uno le hubiera arrancado la dignidad de alguna manera. Son los que manejan cualquier vehículo y ante la cortesía de dejarlos pasar adelante, aceleran gustosos como si no hubiera sido una concesión de uno, sino una gandallada perfecta por parte de ellos. Es la persona que te pide la hora y en cuanto la escucha, sigue cual más. Los que van por allí con una expresión dura en el rostro. Y no sé. Seré anticuada, sentimental, pero aprecio una sonrisa, una mano que diga gracias. Así me lo enseñaron de niña. Pero qué mala, a tan pequeña escala, es la gente.

One response to “Qué mala es la gente

  1. hay! niña escritora. Pero qué mala es la gente, son señales inevitables de nuestra humanidad.
    te mando una sonrisa desde este pueblo donde hasta las palabras se calientan con el calor de afuera y se les resecan a uno en la lengua, como diria Rulfo. aqui asi son las cosas.

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