El gran pez

maggie+taylorI hate that word, orgasm. Why don’t they come up with another word?

A code word, like I don’t know. Fish. I caught a fish.

Nin Andrews, “A party of widows”

No me gusta la palabra “orgasmo”, pero no hay nada como un orgasmo para llevarme a otro lugar, lejos de preocupaciones y problemas, para luego regresar a la realidad con un gesto de alegría. El orgasmo es la risa de las entrañas, la única esperanza que tenemos como seres humanos de alcanzar la paz, si acaso por un breve instante. Hasta el corazón más negro, díscolo y pequeño se pone en armonía con el universo después de experimentarlo.

Los orgasmos no pueden repetirse. Son únicos como una huella dactilar. Tampoco pueden reproducirse en la memoria. Yo puedo recordar la intensidad o la fecha de un orgasmo, decir que tal o cual día me vine como nunca, pero me es imposible revivir las sensaciones. Mi lengua puede recordar el sabor de una piel, la vena de mi cuello puede añorar unos dientes ajenos, mis ojos echar de menos la figura de alguien, pero del orgasmo sólo queda la certeza de que fue grandioso. Quizá por eso, siervos de la dopamina y las endorfinas, vivimos buscando el siguiente.

Los franceses le llaman La petite morte a ese alivio postorgásmico que puede producir pequeños desmayos y la pérdida del conocimiento, si acaso momentáneamente. Experimentar un orgasmo es vivir la “dulce agonía”, la trascendencia y satisfacción absoluta que nos hace creer que si muriéramos justo entonces, lo haríamos sin remordimientos pues nuestra vida estaría bien vivida.

El que mi cuerpo sea capaz de producir estas sensaciones que no pueden ser descritas sin caer en el lugar común, me resulta maravilloso. Los símiles siempre se quedarán cortos: fuegos artificiales, explosiones, erupciones, terremotos, desbordamientos, tormentas, olas, sinfonías. El orgasmo vive fuera de los límites del lenguaje, en los terrenos grises entre la fisiología y lo espiritual. Por eso, atrapar ese  gran pez es la responsabilidad y el privilegio de cada quién.

(Publicado en Antología mínima del orgasmo. Ediciones Intempestivas : Monterrey, N.L., 2009).  Yesssssssssssssss!

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