Un jardín en plena plaza

Me sorprendió  descubrir unas cuantas presentaciones de libros en la feria del libro de este año. Aunque la lógica dictaría que, como en otras ferias de esa índole, los eventos trataran precisamente de autores presentando sus libros, en la versión tampiqueña se ven superados por otras actividades artísticas, que aunque valiosas, no deberían ser iguales o mayores en número, creo, a las presentaciones de libros. En los últimos años hemos venido viendo cómo la feria del libro se “deslava” paulatinamente, alejándose de su propósito y coqueteando más con los espectáculos populares. Nada de malo con estos últimos, pero entonces tal vez el nombre del evento tendría que replantearse con seriedad. Mientras tanto, hablaré de una de esas escasas presentaciones.

El viernes 20 de noviembre, a las 19:00 horas, la poeta Gloria Gómez Guzmán presentará el libro Hay un jardín (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2009), escrito por Marco Antonio Huerta. Él nació en este puerto en 1978 y es licenciado en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Ganó el premio “Carmen Alardín” en 2005 por su trabajo La semana milagrosa, publicado por Conarte. Marco fue becario del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes durante el año 2006. Ha publicado en varias revistas de circulación nacional, como Armas y Letras, Papeles de la Mancuspia, Metrópolis, Cultura Urbana y en Periódico de Poesía. Sabemos que hay poetas a los que les da por “inflar” sus currículum de una forma casi grosera, por lo evidente de las mentiras, o por la ambigüedad de las afirmaciones. Hay quien se inventa becas, cambia el nombre de las instituciones, etc. Con Marco resulta justamente lo contrario. Y por supuesto que todos sabemos que aún las listas más largas y gloriosas de hazañas literarias son irrelevantes a la hora en la que el lector se enfrenta a uno de sus libros. En el caso de nuestro poeta en cuestión, Hay un jardín no sólo es evidencia de su sólida trayectoria, sino que supera todas las expectativas.

El libro de Marco Antonio Huerta evoca a través de un bello y efectivo lenguaje naturalista, la nostalgia de ese Edén de la infancia que ha pasado, y él vuelve a retomar esos espacios del pasado con renombrado asombro, creando así una metáfora de la vida en sí. No hay desperdicio. Los invito este próximo viernes a asistir a su presentación en la plaza, y de ser posible, adquirir el libro. No se arrepentirán ni de una cosa ni de la otra.

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