Siempre desayuna antes de salir, que no sabes si te vas a topar con una patrona explotadora

Seguro que todos hemos visto alguna vez una de esas películas en la que un hombre rico come en un restaurante elegante un gran trozo de carne o un apetecible postre, mientras un niño o anciano paupérrimo mira a través del cristal, salivando. La escena es dura, dolorosa de mirar, quiero pensar que para todos. El otro día me tocó ver algo parecido, pero no sucedía en Londres del siglo 19, sino en un restaurante de cadena, aquí en Tampico. No es en absoluto elegante, pero sí socorrido porque tiene precios bastante aceptables, aire acondicionado, personal bien amable, cafés ilimitados e internet gratis.

El que tipitas como yo puedan frecuentar ese lugar no impide que señoras de la alta (o en pretensiones de ascender) sociedad tampiqueña se congreguen allí por las mañanas, sobre todo para platicar con sus amigas, lucir a sus hijos (hay área de juegos), su falta de obligaciones matinales, así como el tamaño o equipamiento de sus camionetas, y por supuesto, a sus siervas. Claro que ellas, las señoras lindas de salón, les llaman “chachas” o enfermeras. De un tiempo acá, según observo, las primeras han ido reemplazadas por las segundas, supongo que a medida que la competencia por las posesiones materiales de estas mujeres se vuelve más reñida. Las cosas que hace el ocio.

Pues bien, una mujer morena bastante fornida, vestida como enfermera gringa, con un “scrub” verde de Micky Mouse, se pasó al menos dos horas de pie junto a una mesa donde varias señoras blanquitas y teñidas de rubias desayunaron con parsimonia, y luego tomaron postre y café, mientras platicaban. No me cabe duda que eran temas profundos, interesantes y vigentes. Mientras, la “nurse” alimentaba a un bebé de brazos, lo dormía, lo metía y lo sacaba del moisés, y luego corría tras una bola de chiquillos en los juegos, antes de regresar a su puesto junto a la mesa. Una de las damas les decía a las otras: “No se preocupen, Fulana les echa un ojo.” Por lo mismo, ninguna movía un dedo para cuidar a sus hijos, si acaso para pedir más café.

Yo no sé como podían ellas meterse cada bocado de pastel a la boca mientras la enfermera batallaba con los críos. ¿Le habrán dicho antes de salir: Fulana, desayuna porque vamos a salir y no te vamos a comprar nada a ti, te toca sólo trabajar, fregarte la espalda y vernos comer a nosotras? No sé. Bien podrían haberla dejado en casa cuidando a la tropa de niños, y tal vez la pobre mujer podría haberse tomado un pequeño respiro para prepararse un nescafé o comerse unas galletas. Pero supongo que es más lucidor llevar a los niños vestidos todos monos y tener una enfermera con uniforme que se haga cargo de ellos. Es sólo que a mí no se me da mucho ser tan chic y me gusta correr tras mis propios hijos, no importa que se enfríe la comida. Y sí, espero que aquella mujer haya desayunado bien antes de salir.

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