Mi problema con la navidad…

Sé que es un lugar común decir que se es un “grinch” que detesta la navidad. Yo no la aborrezco, sino que la desprecio. Siento pena por quienes confunden sus creencias religiosas por las tradiciones consumistas de temporada, y las alimentan con ideales familiares fervorosos de películas de Sara García. El problema no sólo es de índole urbano, sino sicológico y ecológico. A ver, veamos…

La gente maneja con más torpeza y desesperación que de costumbre, en un frenesí de compras, que termina por empeorar el ya de por sí nefasto tráfico de nuestra ciudad de pésimas vialidades en pésimo estado. Todo es un caos absoluto, sin contar el aumento en accidentes fatales producto de quienes salen de las posadas en total estado de ebriedad, tan contentos por el próximo cumpleaños de ese tal Jesús.

Se gasta muchísimo dinero en adornos sobrepreciados que están bien para un centro comercial o la hacienda de un narco, pero no para una casa citadina regular. De la misma forma se gasta en adornos, foquitos y demás parafernalia navideña. Y qué decir del derroche en energía eléctrica producto de esas series de luces que delinean perímetros de casas, árboles de banqueta, ventanas, balcones y por supuesto, los pinitos.

Ah, los pinos… no sólo hablo del hecho de que miles de millones de árboles se plantan cada año para poder ser masacrados y puestos en los techos de los autos, y luego de apenas unos días, sus cadáveres se acumulen en los tiraderos de basura, siendo ignorados por los del servicio de limpia. Hablo también de que todos esos recursos gastados en esos pinos que ciertamente no contribuirán al oxígeno del planeta, podrían haberse usado para cultivar plantas consumibles para los humanos.

Pero la navidad no es la cosa más antiecológica que hacemos los humanos sólo por el gasto energético, la tala de árboles, el gasto de tierra y recursos, y el dispendio en productos desechables. También están los regalos y sus envolturas: el mayor desperdicio de papel del mundo. Se envuelven cajas, se desenvuelven cajas, se tiran cajas y papeles de una forma obscena y masiva.

Por otra parte, la navidad trae una serie de histerias y frustraciones horripilantes. Todos tienen una serie de complicadas expectativas e ideales respecto a las fechas, y como ya se sabe, en el mundo real las cosas nunca resultan perfectas. De allí el enorme estrés, los pleitos, y la tasa de suicidios que aumenta de forma drástica en la época. Por alguna razón todos esperan que todos los demás cambien para acoplarse a este molde de perfección familiar, que todos se perdones, convivan en paz, y sha la la la la.

Desde luego que entiendo el por qué de la navidad. Los negocios florecen, las limosnas en misa son más generosas, los sueldos y los aguinaldos se gastan en tantas cosas prescindibles. Hay quien en verdad se lo toma en serio.Hay quien siente que el espíritu santo entra en su corazón porque su casa tiene más foquitos y adornos inflables en la fachada que el resto de los vecinos. Y al tiempo cree en el parto de una virgen judía, que alguien tuvo a bien situar en las mismas fechas que las festividades romanas, mientras miente a sus hijos respecto a un ser mitológico que le trae juguetes a los niños buenos (pero con padres con un relativo poder adquisitivo), mientras que a los pobres los desampara hasta de un suéter raído. Por supuesto que hay para quienes todo esto tiene sentido. Yo, por mi parte, tengo un serio problema con la navidad.

9 responses to “Mi problema con la navidad…

  1. Highlanderopina

    Te decía que comparto y no tu texto, en realidad es muy cierto es una época creada para consumir, consumir, consumir, uffff es lo más patético y lo más manipulador de nuestra ya desgastada sociedad occidental, después la hipocresía de regalos que no se acercan en nada al sentir de la persona y sha la la la, sha la la la (ja esa también es una expresión muy mía juar).
    Pero mi “antigrinch” me dice que hay tambien reflexión, humildad, paz, tranquilidad, bondad y quizá momentos de verdadera felicidad.
    Comparto mi hogar con mis esposa y dos hijas Marianne e Isabella y el regalo más grande ha sido decirme que se consideran niñas plenas, niñas felices. Mi vida no ha sido fácil incié desde cero y hoy por hoy veo todo ese stress navideño y todo ese consumismo inducido como un medio para compartir el corazón de mis hijas en especial en esta época que las motiva a ser seres humanos con una gran capacidad de humildad.

    Te mando un cordial saludo! No sin antes decirte que me encanta tu estilo para hacer volar la pluma!!!

    Un beso. Highlander

    • Liliana V. Blum

      Tienes razón Sergio. Pero eso que compartes en tu hogar por tu familia es algo que seguramente tienes todo el año. Yo me refería a la gente que tiene malas relaciones con sus familiares todo el año, pero que espera que mágicamente en navidad todo sea armonía y felicidad. Te mando abrazo y que sigas pasando verdaderamente bien estas fechitas. Gracias por leerme.

  2. Somos dos.

  3. Estoy de acuerdo con las observaciones de arriba. Me gustaría agregar una reflexión que surge de mi propia experiencia familiar y que considero es más o menos similar a la de varios otros individuos. En esta ocasión no voy a “butlerear” ni “deleuzear” pero si alguien quiere fundamento teórico, hay mucho al cual recurrir (capitalismo y esquizofrenia, (re)producción de modelos familiares , la familia como instrumento de la nación imaginada, formación de identidades en la infancia a través de diferenciaciones de género y clase, entre otros temas).
    Debo confesar que en la niñez, las fiestas de diciembre provocaban en mí una gran euforia y felicidad. Ver y jugar con mis primos cercanos y lejanos, pedir posada, prender luces de bengala, arrullar al niño y ponerlo en el nacimiento para después cenar y convivir con la familia hasta la madrugada (en mi familia nunca se usaban ni los regalos ni el árbol de navidad). Pero ¿porqué desde la adolescencia intento huir a toda costa de toda esta parafernalia? ¿Porqué detesto la locura y comportamiento de mi familia en estas fechas?
    Una posible respuesta es la incompatibilidad de mi personalidad con el modelo familiar patriarcal y hegemónico de nuestra(s) sociedad(es). Y es que durante el año gozo de cierta independencia; sin embargo – y a mi edad- en la temporada navideña tengo que OBEDECER a los altos jerarcas que gobiernan en nombre de la paz y la armonía. La locura comienza con los preparativos:

    “Lánzate al mercado por perejil, ajo y cebollas ¡pero de volada!”
    “¿Vas a estar en el teléfono todo el día? Hay que arreglar aquí.”
    “Ni se te ocurra salir con tus amiguitos que hoy es para la familia.” “Acuérdate que viene tu tío Mario, así que no traigas a tus amigos maricones por favor.”
    “Vete a la sala a platicar con tu padrino, enséñale las fotos de tu graduación.”
    “Deberías aprovechar para irte a la peluquería, mira nada más qué mechas.”
    “¿A qué hora te vas a cambiar? ¿No te vas a rasurar?”

    Desafortunadamente, y como observa L. Blum, detrás del amor, paz y generosidad de estas celebraciones, hay todo un aparato capitalista-consumista, de formación de género y nación a todo galope. El estado, los medios masivos, las corporaciones y las instituciones religiosas nos imponen este único modelo en nombre de la familia, el bienestar, la armonía, las tradiciones mexicanas, etc. Por eso desde hace unos años he optado por no participar de estas celebraciones y mejor quedarme en casa tranquilo. Me hago mi navidad con mis recuerdos felices, mi nacimiento, mis villancicos de Parchís y la paz y armonía que solamente encuentro en mi casa con mi pareja.

    • Liliana V. Blum

      Eso, Meyes, hay que armárselo uno solo con quien uno quiere y pasar del estrés. Te mando un abrazote. Tú eres parte de mis recuerdos felices en una época en la que todo estaba de la mierda.

  4. No te sientas culpable por despreciar los derredores de la Navidad: No es delito que alguien baje de su nube a los demás; por lo menos he leído a tres que comentarían algo similar: Fedro Carlos Guillén, Hugo García Michel y Román Revueltas Retes.

    P.D. A la fregada Santa Claus.

    • Liliana V. Blum

      Jaja, gracias Antonio. No te deseo nada para estas fechas. Deberíamos desearle lo mejor al prójimo durante todo el año.🙂

  5. Un poco fuera de temporada, pero acabo de encontrar tu blog y este comentario.

    Concuerdo con que el derroche de recursos y energia no compensa la supuesta activacion de la economia producto del consumismo decembrino.

    Ya se ha cuestionado mucho la existencia de jesus, su fecha de nacimiento y la conveniente incongruencia de celebrarlo junto con ritos paganos populares. Faltaria intentar introducir a Mr. Hanky en la psique colectiva para que el circulo se complete.

    • Liliana V. Blum

      Sí, pero a la gente le encantan los rituales, las mentiras dichas las veces necesarias para que suenen a verdad, y a muchos, consumir les da una razón para vivir. Gracias por pasar acá, aunque sea fuera de temporada.🙂

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