¿Qué pasa, qué pasa aquí?

…what you do to your own flesh and blood…
Natalie Merchant “What’s the matter here?”

Así como dicen algunos que pasa en Las Vegas, lo que sucede en la familia se queda en la familia. Los padres tendemos a asumir que los hijos, porque nos nacieron y porque los alimentamos y pagamos sus gastos, son de nuestra propiedad. Por lo mismo, que podemos hacer con ellos básicamente lo que queramos, o lo que creemos es mejor. Y ya se sabe que los progenitores pueden arruinarle la vida a sus críos con las mejores de las intenciones. Si uno tiene suerte, a lo mucho nuestra formación de los hijos será material de plática de diván. Y aunque hay quien dice que hay palabras que son peores que golpes, yo lo cuestiono bastante. Hay formas de educar con las que tengo problemas.

No sé si es el espíritu navideño, pero estos días me han tocado ver varios (demasiados) ejemplos de esto. Escribo desde un pequeño pueblo en el sur del país. Anoche salí a comprar unos churros en uno de los puestos ambulantes de la plaza. Vendían también plátanos fritos, papas fritas y frituras, por lo que había un cazo humeante en el piso, además de un gran recipiente lleno de aceite hirviendo para usos múltiples. Pero no quiero hablar del colesterol en la dieta del mexicano, sino de la violencia de padres a hijos. En el puesto aquel deambulaba un chiquito de menos de dos años, según mis cálculos maternos. Traía un pañal que debía haberse cambiado hace horas, los mocos secos y escurridos, el cuerpito delgado y cubierto por una camiseta raída sin mangas. El pelo hirsuto y sin brillo, la piel seca, pero las ganas de explorar de los de su edad. La mamá atendía órdenes y el nene se le prendió del pantalón, riendo. Ella, con una plato de plátanos cubiertos con crema en cada mano, levantó la rodilla golpeando a su bebé en la quijada. Lo mandó de espaldas contra el mostrador. Lloró apenas unos segundos y luego se puso a jugar con la tierra del piso.

Por la falta de espacio, me limitaré a esta anécdota, pero no es la única que he visto en estos días festivos. No sólo acá, sino en Tampico y en cualquier lugar. Una vez, hace años, intervine cuando una madre sentó con fuerza a su bebé en el carrito del súper y lo amenazó entre dientes si no dejaba de llorar. Me mandaron a ocuparme de mis propios problemas, por ponerlo de una forma publicable acá. Por supuesto que ella siguió y seguirá golpeando a su hijo, tal vez un poco más discreta, pero no más. Igual, me di cuenta, lo que vemos en los lugares públicos es apenas la punta del iceberg. Imagino lo que harán esos mismos padres en la privacía del hogar. Eso trato de recordarlo cuando veo algún anciano abandonado en la calle, o en el diario, hablando de la ingratitud de sus hijos. Es una pena, pero me pregunto cómo habrá tratado a esa sangre-de-su-sangre cuando estaban a su merced. Uno nunca sabe las vueltas que dará la vida.

One response to “¿Qué pasa, qué pasa aquí?

  1. Así es, el mundo está lleno de padres que nunca fueron amables en el sentido radical de la palabra, nunca hicieron nada para merecer ser amados, especialmente por sus hijos.

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