El derecho del demente animal

Esteban Arce tiene problemas con la otredad

Si se hiciera una encuesta hoy por hoy, seguro que los niveles de aceptación de Calderón estarían más altos que los del infame Esteban Arce, y eso ya es mucho decir. El tipo se ha revolcado toda la semana en la mierda y el lodo de twitter, facebook, televisión y medios impresos gracias a sus medievales declaraciones. Más triste que su homofobia, su intolerancia y sus malos modales (se la pasaba interrumpiendo a la sexóloga invitada), es su pobreza de vocabulario y capacidad de razonamiento. Y conste que al que llamaban “El Burro” era a su antiguo patiño en aquel vetusto programa de televisión. ¿Qué era Esteban entonces? ¿El genio? El pobre Esteban Arce debe de tener un coeficiente intelectual no mayor al de la niña pajarito, la mascota del Teletón el año pasado, con perdón para los que padecen el síndrome de Seckel. El subnormal confunde “natural” con “normal”. No entiende que “normal” se refiere a lo que ocurre por lo general o habitualmente, y que por lo mismo, no causa extrañeza. Es decir, la parte más ancha de la curva de la “norma”. Por “natural” el Torquemada de Televisa se refiere al comportamiento de los animales en libertad. Toma al ser humano y lo desnuda de toda la carga social y cultural, reduciéndolo a sus instintos y a la fisiología pura. No hubo manera de explicarle que aunque los animales tienen sexo para reproducirse, las personas tenemos sexo por un montón de otras razones. De otra manera, no estaríamos mentándole la madre a la iglesia católica por su posición frente a los anticonceptivos y el aborto. El placer puro, la forma de expresar amor, el mero gusto por las endorfinas y la oxitocina, el darle salida al estrés, no están en el repertorio mental de Arce como razones para el sexo. Asumo que su vida sexual debe ser tan pobre como su vocabulario. No sé si aún haga falta dejar claro que mi posición es totalmente opuesta a la de este hombre.  Pero con todo, me opongo a la campaña que se ha desatado en su contra para que renuncie. Porque por retrógadas que sean sus ideas, el monito tiene la misma libertad que yo para expresarse. A menos que haya incitado a la violencia o haya cometido un delito en contra de alguien más, no deberíamos de estar pidiendo su cabeza en un palo, como en El señor de las moscas. Podemos mentarle la madre por todos los medios posibles y no ver jamás ningún programa suyo. Seguramente la falta de rating hará que lo despidan. Pero exigir su renuncia porque dijo algo que ofendió a alguien (o a muchos) es poner en manos de alguien muy cuestionable (el Estado) el poder de censurar. Y el día de mañana esa censura podría aplicarse a mí, a usted, a cualquiera que diga algo inconveniente para el Estado o para las masas. No hay garantía de que estemos siempre del lado que tira la piedra, del lado ofendido. Prefiero que me garanticen la libertad de expresión a que me protejan de sentirme ofendida. Si no, pregúntenselo a Yoanni Sánchez en Cuba, o a todos los desaparecidos en los regímenes totalitarios de cualquier tendencia. Y si Norberto Rivera, el Peje, Juanito, Ramón Ayala, y Perico de los Palotes pueden expresarse en este país, también puede hacerlo un don-nadie de la televisión abierta. Yo ni siquiera sabía que existía ese programa. Yo, por mi parte, tengo derecho de expresar aquí que Esteban Arce es un idiota y seguramente un homosexual de clóset. Es por esta libertad, que habrá de tolerar estupideces como la suya de cuando en vez.

9 responses to “El derecho del demente animal

  1. Claro, aquel(la) que se sienta ofendido(a) por Arce puede dejar de escuchar su programa, cambiar de estación o simplemente apagar la radio y leer algo .

  2. Juan Pablo Muñoz

    No, no estoy de acuerdo contigo. La libertad de expresión no puede servir para justificar la intolerancia. La libertad de expresión tampoco es el escudo que justifica la desinformación y la difamación (delito en el cual incurrió el señor Arce). No, no estoy de acuerdo contigo. En cualquier país del primer mundo, lo sacarían del aire. Pero en México nos acostumbramos, desde tiempos remotos, a dejar pasar, a hacer de cuenta que no sucede nada, que todo es aceptable, que podemos soportar cualquier cosa (nuestra naturaleza es estrictamente estoica). Sí, el señor Arce violó la ley. Para confirmarlo, basta leer el código penal. Sus comentarios sí provocan violencia. Piensa, por un momento, en el adolescente de 12 o 13 años que está por aceptar su homosexualidad. Piensa en el altísimo porcentaje de jóvenes que se suicidan porque constantemente se les tacha de anormales. Piensa en las personas que se sienten justificadas, gracias a alguien como Esteban Arce, para hacerle la vida de cuadritos a tal o cual persona por su diferencia (hay un muerto por homofobia cada tercer día en tu país). No, no estoy de acuerdo contigo. Creo que la violencia verbal no es cosa menor; y los comentarios de Esteban Arce entran perfectamente bien dentro de esta categoría. Además, los ejemplos que usas (por ejemplo, Cuba) difícilmente resultan apropiados: los contextos son diferentes. La cuestión no tiene que ver con una apreciación política, o con la justificada voluntad de sacar del gobierno a un dictador. Esteban Arce es el empleado de una televisora que tiene ciertas reglas; de una compañía a la que le fuera otorgada una concesión estatal; y esta concesión sólo puede funcionar si hay un apego a una serie de normas, entre ellas, que los canales televisivos sean utilizados para fines positivos (sí, ya supongo lo que muchos “bien-pensantes” dirán: es que Televisa siempre ha desinfomado y esto es lo mismo de lo mismo de lo mismo). Pues bien, hay que marcar un alto. Esto puede ser un gran precedente. Pero no solamente para los homosexuales, sino para cada una de las minorías que constantemente son atacadas por los medios de comunicación.

  3. Juan Pablo,

    La única razón de ser que tienen las leyes que protegen la libre manifestación de las ideas es la de proteger a los individuos que expresen ideas que a otros les resultan ridículas, retrógradas, primitivas, absurdas, peligrosas, ofensivas, incorrectas, denigrantes, etc.

    Si las leyes solo van a proteger a individuos que expresen ideas “aceptables”, ya sea para “las masas” o un “grupo de notables”, estas carecerán de sentido. Es precisamente a quien hace expresiones impopulares, políticamente incorrectas o cuestionables a quien hay que proteger, quienes no lo hacen no requieren protección alguna.

    Contrariamente a lo que establece nuestra constitución en su artículo sexto que le impone restricciones a la libertad de expesión (EN EL CASO DE QUE ATAQUE A LA MORAL, LOS DERECHOS DE TERCERO, PROVOQUE ALGUN DELITO O PERTURBE EL ORDEN PUBLICO) deberíamos aspirar a una libertad de expresión sin cortapisa.

    Dices que “La libertad de expresión no puede servir para justificar la intolerancia”, pero la Blum no está justificando “la intolerancia” del Sr. Arce, lo único que hace es defender el derecho que tiene de expresar sus ideas… ideas cuya expresión que aparentemente no eres capaz de tolerar.

    Dices que el Sr. Arce incurrió en el delito de difamación. Por fortuna desde el 2007 la difamación, la calumnia y la injuria ya no forman parte del código penal federal ( http://tinyurl.com/ylsmtdk ) precisamente para proteger la libertad de expresión. Así que a quienes se sientan “difamados” no les quedará mas que demandar por la vía civil y convencer al juez de que el Sr. Arce de que les causaron un “daño moral”.

    Te equivocas al afirmar que “En cualquier país del primer mundo, lo sacarían del aire.”. En los países tercermundistas totalitarios, quizás, pero no así en los del primer mundo, ya que en ellos suelen protegerse los derechos individuales. Sobran ejemplos de programas de televisión, publicaciones y manifestaciones cuyo contenido puede resultar ofensivo para muchos y que en el tercer mundo se pueden llevar a cabo bajo el amparo de leyes que garantizan la libertad de expresión.

    Te invito a que cites los comentarios del Sr. Arce que “provocan violencia”, porque yo no los encotré en el video de youtube. Dice muchas estupideces, es grosero, impertinente, pero no veo la invitación a la violencia y aunque la hubiera… no veo porqué tendría mayor poder que el de, por elemplo ¡invitar a leer un l ibro!

    Pides pensar en “en el adolescente de 12 o 13 años que está por aceptar su homosexualidad” y lo hago… pero no encuentro cómo lo que diga o deje de decir el señor Arce puede cambiar de manera sustantiva sus vidas. No hace falta el señor Arce para que los homófobo se sienta “justificado” y actué violentamente.

    Es penoso que no puedas ver que el ejemplo de Cuba que ofrece la Blum es perfectamente pertinente, pues muestra hasta qué punto nos puede conducir el darle poder al gobierno de decidir qué puede decirse o no en los medios de comunicación.

    Deberíamos celebrar que un imbécil pueda decir estupideces en la televisión y ofendera amplios grupos de la población sin sufrir castigo de parte del gobierno. Al estar garantizada la libertad de expresión de un patán como el Sr. Arce, lo está el de todo. El día que deje de ser así, no estará garantizada la libertad de expresión de nadie.

  4. Desde que pude ver cómo Arce enarbolaba aquella frase de “demencia animal” y apelaba a “lo natural”, ignorando que el ser humano es un animal con peculiaridades muy específicas que lo han desligado desde hace mucho de la naturaleza como tal (el concepto de “cultura”), lo único que me queda clarísimo es que Esteban Arce es un ignorante, un inculto. Y que no tiene empacho en demostrarlo masivamente.

    El caso particular de Arce es que, a pesar de ser un ignorante, tiene un espacio privilegiado (3 horas diarias) en televisión. La propagación de la información por ese medio tiene un impacto tremendo y eso todo mundo lo sabe. Sin restarle importancia a la gravedad del asunto, el hecho es que Arce es ofensivo y, si bien es cierto que no incita a la violencia, da pie a la propagación de la intolerancia y, con mayor seriedad, de la ignorancia fundamentalista en cuanto a los temas de sexualidad se refiere. Esto por el solo hecho de decirlo en televisión.

    Creo, y coincido aquí con Blum y Ramón, que el castigo, no debería provenir del Estado. Sino, como bien lo dijo Diómedes, de la audiencia. Años han pasado en México sin una verdadera participación de la sociedad civil en materia de legislación, justicia, medios, etcétera. Una acción validísima es echar mano de las instancias gubernamentales que ya están ahí y que para eso son, sí, como poner la queja en la CONAPRED. Otra, de mayor contundencia, es manifestar el descontento por cuanto medio se le antoje a uno. Y también está el cambiarle de canal o, simplemente, apagar la tele. Auténticos elementos de presión.

    Pensemos en el caso de Michael Richards (Kramer el de Seinfield) y su desafortunado incidente en EE.UU. Y todo lo que vino después, como la cancelación de su serie televisiva. (http://www.youtube.com/watch?v=Lv_ac-op8IA)

    Ciertamente algo muy bueno salió del atropellado hocico de Esteban Arce y es que gracias a ese hocico se ha generado diálogo entre varios sectores de la sociedad (artistas, escritores, periodistas). El tema no es Esteban Arce sino la libertad de expresión y el combate a las ideas oscurantistas en torno a la sexualidad. Pienso en una fórmula sencilla: a mayor diálogo, mayor información y menos ignorancia. Todo esto a la luz de la endeble libertad de expresión que se vive en México y que recientemente se vio atacada con aquella famosa reforma electoral que aún impide a los particulares acceder a los medios para manifestar sus ideas en torno a tal o cual candidato o partido.

    Es imperativo que el Estado no se inmiscuya en estos asuntos que le corresponden más bien a la sociedad en su conjunto. El exterminio de la ignorancia corresponde a la sociedad civil.

    • Liliana V. Blum

      De acuerdo con eso. Para no ir más lejos, está el caso del italiano Tiziano Ferro y su comentario de las mexicanas bigotonas. La presión de la gente fue tanta que su manager y la disquera le avisaron que el mercado de mujeres bigotonas mexicanas compraba gran parte de sus discos, que el tipo tuvo que retractarse públicamente y pedir perdón. No debemos voltear siempre la cara a papá gobierno y esperar que nos resuelvan nuestros problemas. Ya estaría este país si fueran a sacar del aire a cada persona que dijera algo con lo que alguien no estuviera de acuerdo. Empezaríamos por apedrear a Paquita la del Barrio y al Lupita D’Alessio que han denostado tanto a los hombres y han incitado a la violencia contra ellos, ¿no?

      • O a Astrid Hadad por cantar aquello de: pégame en la cara… hiéreme en el cuerpo… pero no me deeeeeeejeeeeeees!

        Sí, las cosas están cambiando. Es preciso fortalecer el diálogo.

  5. Juan Pablo Muñoz

    Hola. Gracias por su lectura de mi comentario. Leo sus argumentos…, y la verdad es que no me convencen. Por otra parte, es natural que esto suceda. Such is life. Pero me alegra tener con quien discutir estos puntos.

    No soy abogado, y no estoy al tanto de las últimas adiciones y correcciones del Código Penal. Tendría que verificarlo antes de proseguir la discusión. Si fallé en este punto, una disculpa. Si quitaron la difamación del código, sería por la desconfianza que como sociedad tenemos de las autoridades, y de las continuas violaciones a los derechos humanos. La infamia sigue siendo, de todos modos, una práctica inmoral y censurable.

    Debo de decirles que yo no estoy del lado de la “corrección política”, pero sí estoy a favor de la responsabilidad y del respeto a la leyes cuando éstas son justas. Discriminar está prohibido en este país. Puedes estar, en cambio, en contra del matrimonio gay (es un asunto político), pero no en contra de los homosexuales.

    El decir que los homosexuales no somos “normales” es un acto de violencia. Y sus palabras, como bien lo saben, son todo menos inocentes. Tal vez, Ramón, no recuerdes cuán difícil resulta ser adolescente. Piensa en un joven que duda acerca de su valía debido a su preferencia sexual; en alguien que no tiene con quien hablar acerca de lo que siente y de lo que es. La televisión, desgraciadamente, para muchos en este país, y en el mundo, es fuente de cononcimientos (lamentable pedagogía, por cierto).

    En las contestaciones, nada dicen acerca del número de asesinatos por homofobia que hay en este país; y que se incrementan año tras año. Comentarios como los de Esteban Arce, los cuales llegan en cadena nacional a millones y millones de personas, contribuyen a que esto siga sucediendo. Alguien que habla en esos términos se vuelve responsable de, al menos, 100 asesinatos cada año.

    La censura nunca es la respuesta, pero sí la responsabilidad. Si yo dijera algo semejante en mi trabajo (o si vertiera comentarios discriminatorios en contra de las mujeres, de los indígenes, de los discapacitados), me correrían. Y harían bien. Televisa tiene que reaccionar. Esteban Arce violó los principios que norman la empresa para la que trabaja. Es así de sencillo.

    Ahora bien, acerca de “ser intolerante con los intolerantes”, pues sí, me declaro como tal. La verdad es que el retruécano es una tontería por repetido, pero bueno, vamos a comentarlo. Si alguien no tiene la razón (en este caso la ciencia nos acompaña), ¿por qué voy a respetar su credo? ¿Sencillamente para que no se me tache de intolerante? El respeto se gana. Lo mismo que el respeto a las ideas. Yo respeto a Nelson Mandela, no respeto a Esteban Arce.

    La suya es una premisa de “bienpensantes”, de gente de pensamiento pulcrísimo, de personas que no toman partido por nada; es, en otras palabras, un liberalismo mal entendido, un liberalismo sucio y triste, una fácil escapatoria para aceptar todo y para no negar nada, para pasar la vida “de muertito”, flotando respetándolo todo. Qué horror.

    En este mismo sentido, la verdad es que yo no haría una fiesta porque un estúpido diga imbecilidades en televisión nacional. Tengo la capacidad para distinguir lo bueno de lo malo; y sería el último en aplaudir a alguien como Esteban Arce. Ojalá lo saquen de la televisión. Ojalá se termine su carrera. No merece un castigo menor.

    Si bien la imbecilidad y la idiotez son derechos amparados por la constitución (claro, hay que recordar que no soy abogado), no así la discriminación. Puedo decir casi todo lo que se me antoje, pero hay fronteras que nunca se deben cruzar, aquellas fronteras donde empiezan los derechos de los demás. La línea es clarísima.

    Sí, en un país del primer mundo lo sacarían del aire; o, al menos, lo suspenderían. Les recuerdo el caso de Imus (creo que así se escribe) en Estados Unidos. Lo suspendieron, tuvo que disculparse (una disculpa verdadera, no una chacota) y luego volvió al aire. La vida siguió.

    Yo no pido cárcel para Esteban Arce. Pero me parecería verdaderamente dramático que siguiéramos como si nada. Dejarlo al aire sería tanto como premiarlo. Para la comunidad LGBT, esto sería un importante precedente. El tema va más allá de Esteban Arce. De hecho, él solamente es un personaje secundario en una trama que lo supera.

    Insisto: lo de Cuba es una tontería. Una cosa es un perseguido por razones políticas y otra un comunicador que cometió un crimen como lo es la discriminación. Perdonen que lo repita, pero es que no hay que olvidarlo: la discriminación es un crimen en este país. Y nuestro marco jurídico, además, no es comparable con la legislación tropical y dictatorial de Cuba.

    Pues bueno, es todo lo que tengo que decir al respecto. De nueva cuenta, gracias por el intercambio de ideas.

  6. Yo no estoy de acuerdo contigo xq con declaraciones así a nivel de masas lo que provoca son solo dos comentarios. Estoy o no estoy de acuerdo con el. De ahí viene la discriminación y en casos de fanatismo hasta muertes. Cuando eres el responsable de un medio donde te ven muchas personas debes de tener cuidado con lo que dices xq tu libertad termina donde empieza la mia. Lean el articulo 1 y 130 de nuestra constitución mexicanA.

    • Liliana V. Blum

      El fanatismo es estúpido o propio de los estúpidos, pero no es un delito a menos que derive en un crimen. Y si alguien comete un asesinato será esa persona la responsable y no Esteban Arce. Echarle la culpa a los medios del comportamiento de la gente es evadir la responsabilidad. Si los medios y la gente allí tuviera tal poder, cuando promovieran la lectura o los valores, tendrían un resultado positivo, y mira como están las cosas. Si fueran así de poderosos, lo serían en todos los sentidos, y entonces todo sería shalalalalala. Si alguien es tan estúpido para ir a cometer un asesinato porque Esteban Arce dijo en tele que no es normal ser homosexual (porque eso fue todo lo que dijo), esa persona era ya un peligro para la sociedad y estaba mal desde antes.

      ¿Sería justo que yo pidiera que te impidieran usar la internet porque no estuviste de acuerdo conmigo? Yo podría decir que el que estés opuesto a mis ideas es un peligro (que yo considero las correctas, así como tú consideras correctas las tuyas y Esteban Arce las suyas). Yo podría decir que el que escribas en mi blog o en cualquier medio podría hacer que alguien atentara en mi contra. Digo, los que piden censura siempre la piden en contra de otros, nunca se imaginan ser ellos los censurados porque ellos creen estar bien. El chiste es que todos creen estar bien y ¿cómo concilias a todos? ¿Censurando sólo a los que a ti no te parecen?

      La libertad de expresión se hizo precisamente para proteger a los que dicen cosas impopulares o diferentes. Los que dicen lo esperado o lo popular y en onda no necesitan tal protección. Y en algún momento ideas justas llegaron a ser ofensivas.

      ¿De verdad dice en la constitución que mi libertad termina donde empieza la tuya? Es que eso siempre me sonó a frase de libro de autoayuda o citas de Muy Interesante.

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