Un paraguas para todos

Siempre lo he dicho: los seres humanos somos los títeres de la atmósfera. No pretendamos que tenemos cosas más importantes en nuestra vida, como la política, la economía o las artes. Cuando la temperatura sube o baja drásticamente, cuando la lluvia cae en exceso o se ausenta, se paralizan nuestras vidas. Cuando apenas fluctúan, el clima se convierte, al menos en el tema de conversación más socorrido cuando hay que compartir tiempo y espacio con extraños con quienes no tenemos nada en común.

Estos días, como bien nos consta, han sido especialmente malos en cuanto a la lluvia se refiere. Aunque no padecimos las inundaciones que otros estados del país, basta bien poco para que los fenómenos meteorológicos hagan estragos en la ciudad y causen sufrimiento. Encima de eso, hay gente que parece regocijarse en hacer peor las cosas, sea por plena estupidez o franca maldad. Usted, si me lee, se ha topado con ellos. O tal vez sea usted uno de ellos; espero que no. Me gusta pensar que mis lectores, por alguna mágica razón, son gente de bien.

Me refiero a esas personas que van en carro y a pesar de que ven gente caminar por la banqueta, no disminuyen la velocidad y levanta el agua del charco, empapándola. Hay quien lo hace a propósito, acelerando y acercándose más a la acera. Hablo de esas personas que a pesar de la poca visibilidad y lo mojado de las calles, deciden ir a la velocidad habitual, provocando así accidentes que sólo terminan por desaforar más el tráfico. Pero lo más triste, me ha parecido siempre, es ver a quienes no tienen paraguas. Gente que tiene que ir a su trabajo a pie, en bicicleta, o esperando el transporte, y no tiene con qué protegerse, y además sufre más gracias a los individuos nefastos de los que ya hablé. Tener los zapatos y la ropa mojada y así tener que realizar la jornada de ocho horas, con el frío y la humedad, el viento, me parece la cosa más cruel.

Una idea para los políticos de cualquier partido: ya sabemos que para su próxima campaña gastarán millones de pesos en pendones y espectaculares  y volantes que sólo terminarán en la basura. La idea es esta: regalen paraguas a la gente. Paraguas azules, amarillos, rojos o no me importa el color. Ya sabemos que al final todos están por llenarse los bolsillos con el presupuesto y buscar el próximo puesto donde puedan hacer lo mismo. Pero así al menos, en lugar de generar basura y esperanzas falsas, darían a la gente algo con qué cubrirse de la lluvia y lo mismo de siempre: nada.

One response to “Un paraguas para todos

  1. Hola de nuevo.

    Tu post me recordo aquel cuento sobre las multiples posibilidades ontologicas al compartir un lugar y tiempo (o al no hacerlo) debajo de un paraguas.

    http://oscardelaborbolla.blogspot.com/2009/07/el-paraguas-de-wittgenstein.html
    🙂

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