Vida fachada

El sueño de muchos

El día de hoy escribo de algo tan vano como una tienda departamental que lleva el nombre de un puerto inglés (o una “alberca de hígados”, si nos vamos a la traducción literal, que resulta curiosa) y su relación con algunas personas. Su eslogan es para algunos una aspiración social, pero también puede tomarse como una amenaza. “Es parte de tu vida,” dice. Precisamente, me he topado con no pocos ejemplos de cómo mucha gente vive o destruye su vida por hacer de esta tienda el centro de su existencia. Parece estúpido, pero es un triste fenómeno. Así que aquí van un par:

En mis tiempos de dar clase en la universidad privada más cara de la zona, conocí a una colega que estudiaba la maestría becada y daba clases allí para mantenerse. Vivía con su abuela en una colonia popular que ni pavimentada estaba. Ella no podía creer que yo usara ropa de supermercado (o lo que sea que tuviera a la mano), de marcas X (así decía) y que además, lo hiciera durante años. Una vez me dijo que ella sólo podía usar una misma prenda una vez al mes para que sus alumnos no la vieran repetir, y que jamás utilizaba el mismo guardarropa de un semestre para el otro. Por eso cada mes me pedía que la acompañara a depositar su sueldo íntegro en el departamento de crédito de esta tienda en cuestión, y a que se endeudara un poco más con nuevos trapos. En el pequeño mundo de mi conocida, los alumnos que gastan en un fin de semana más de lo que ella ganaba a la quincena, se fijaban en la ropa de su maestra y eso repercutía de alguna manera en ella. En ese mundo también, era imposible vestirse en otra tienda que no fuera la alberca de hígados.

Conozco otro caso tristísimo de una pareja con posibilidades económicas limitadas  (como tantas en esa etapa de la vida) cuya vida se fue a la coladera porque al casarse, la mujer quería su casa con muebles de esta tienda. En su mundo, no existían otras mueblerías, ninguna otra alternativa más que esa construcción de catálogo de la vida familiar. Así que “vistieron” su hogar como en los anuncios de ese bloque de concreto y terminaron proporcionalmente con una deuda como la de Haití. El esposo tuvo que tomar otro empleo, varios turnos para poder ir pagando y sobrevivir al tiempo. Por lo mismo, apenas tenía tiempo para otra cosa que no fuera trabajar. Mientras, sentada en sus sillón estilo europeo, la esposa miraba la mesa estilo minimalista con un florero posmoderno, y se sentía sola. Entonces se buscó un amante y lo mantuvo así por años (también las deudas duran años) y cuando fue descubierta, no pudo menos que decir: es que no tenías tiempo para mí.

Realmente no me explico el hechizo que poseer cosas vendidas en esta tienda departamental tiene. A mi me consta que el mismo producto (juguete, electrodoméstico) allí cuesta el doble que en cualquier cadena de supermercado. Supongo que hay quien cree que la envoltura de un regalo en una caja de cartón con el logo de la tienda justifica en su totalidad el pagar más de dos veces el precio. Vivir para trabajar y poder pagar las cuentas en esa tienda y luego pensar que se vive. Ya se sabe que la vida es irónica y cuando pega, lo hace directo y duro al hígado. Pero esta vez no me río: siento tristeza ajena.

8 responses to “Vida fachada

  1. La verdad es que eso es un caso serio. A lo mejor esa es la raxón por la que como comunicólogo no comulgo con la pirámide de necesidades de Maslow. Piesnso está al servicio de un vendedor.

    • Liliana V. Blum

      Bueno, la gente de la que hablo tenía cubiertas las necesidades básicas. Tenían algo que llevarse a la boca, una casa donde vivir, y ciertamente no andaban desnudos. La cosa es que en lugar de seguir con las siguientes necesidades, que serían las afectivas, las intelectuales, se quedaron en versiones sobre preciadas de las básicas, pensando que cubrirían así las de más arriba. Sí, son casos tristes, y ojalá fueran la excepción, pero al menos yo, conozco a mucha gente así.

  2. Chida, chida tu columna Liliana, me gusta leerte porque hablas de cosas tan cercanas que me pones a pensar sobre situaciones que normalmente no había analizado. Eso de la vida fachada esta chido, y como que es algo muy propio de los humanos que pululamos en este planeta y no sólo de los que compran en la tienda de bolsas rosas. Deberías observar al grueso de mis compañeras de la escuela: niñitas que andan presumiendo ropa que compraron en tiendas “exclusivas” y que si por ellas fuera traerían hasta las etiquetas por fuera para que vieran la marca. Pero la fachada no sólo se limita a la ropa o a los objetos que se compran, también están los casos de tipos que quieren impresionar pregonando una vida que no es real, conozco chavitos que se dicen izquierdistas radicales y andan con chanclas y pantalones rotos, pero eso si en el carro que les regalo su papi y haciéndole el feo a los que andamos en metro. Bueno, creo que eso de la preocupación por el tener y el parecer es algo muy común en nuestros días y el ser a muchos les vale madrigal.
    Saludos desde Iztapalapa

    • Liliana V. Blum

      Hola Lola, qué gusto que pases por acá. Sí, la cosa de la pretensión y las marcas es una cosa no aislada. Y como bien mencionas, también hay hippies con tarjeta de crédito de los papás. También hay anti-yanquis que traen iPod y tennis Nike y que usan Windows en una Dell, pero que aplaudieron cuando lo de las Torres Gemelas. (Me consta, yo tuve alumnos que lo hicieron). Como bien dices, nadie se preocupa por el ser, sólo el tener o parecer que se tiene.

      Por cierto, pienso dejarte un libro mío con mi editor en la editorial (eso sonó raro). Es cosa de que vayas a Jus (en el centro, Donceles 66) y pidas hablar con Antonio Ramos (yo le dejaré dicho) y le pediré que te entregue un libro mío. ¿Te late? Yo te aviso.

  3. Gracias Liliana! estaré pendiente… en verdad que eso me emociona mucho, te aseguro que más de lo que emocionaría una blusa Zara a cualquiera de las morritas fashionistas que tengo por compañeritas : )

  4. Adriana Rodríguez Fernández

    Hola Liliana, mi comentario no tiene que ver con tu columna de esta semana. Me tiene realmente preocupada lo que se escucha en los medios sobre la violencia que se está viviendo en el país. Se que vives en un estado donde ha habido bastante conflicto, pero realmente me gustaría mucho conocer cuál ha sido tu experiencia y cómo ves que lo vive la gente de tu estado. No sé si ya hayas escrito algo sobre ésto, si es así, me encantaría leerlo.

    Un abrazo,

    Adriana

    • Hola Adriana, qué gusto leerte otra vez acá. Te cuento mi lado de la experiencia por correo. No había pensado escribir sobre esto porque fuera del miedo, no sé explicarme a mí misma mi posición. Es raro. Te escribo.🙂

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