Estupidez: la otra plaga bíblica


Decía Albert Einstein que hay dos cosas que son infinitas: el universo y la estupidez humana, y que del primero no estaba tan seguro. El Papa “más carita” que ha tenido la Iglesia Católica también dijo algo al respecto: “La estupidez es también un don de Dios, pero no hay que darle mal uso”.  Hay muchos que deberían escuchar a este ídolo de masas y no utilizar tanto ese don divino cada vez que abren ese orificio que tiene la cara. La verdad es que en las últimas semanas el cretinismo ha aumentado tanto como los baches en Avenida Hidalgo, que no sabría decir cuál es la declaración más idiota de todas.

Hay varios contendientes. Por ejemplo, el Aló presidente venezolano aseguró que el terremoto de Haití fue “el claro resultado de una prueba de la Marina estadounidense”, con la misma contundencia con que nuestros amigos españoles dicen: ¡porque lo digo yo! Del terremoto en Chile, en Mexicali/Los Ángeles-San Diego, en China y en Afganistán, Chávez ya no dijo nada, pero seguro también fue culpa de los gringos, que además perjudicaron a sus propias ciudades para disimular un poco. Otro geólogo iluminado es el ayatolá Kazem Sedighi, un imán de Teherán (rima perfecta) quien atribuyó el aumento de terremotos en el mundo a las relaciones sexuales ilícitas y a que muchas mujeres se visten sin recato y no respetan la ropa islámica. Lo que no aclaró es si todos las mujeres iraníes descocotadas tienen la culpa de todos los terremotos en el mundo, o sólo de los que afectan al mundo islámico. Yo creo que lo justo sería que los pecados de occidente se transformaran en desastres naturales en el mundo cristiano, es decir, cada quien que lave sus percudidos calzones en casa y con su pan se los coma (¿o cómo iba el refrán?) pero el santo varón nos ha dejado con la duda.

En las regiones altas hay poco oxígeno en el aire. No sé si eso podría excusar las declaraciones del bucólico presidente de Bolivia, que afirmó que “la existencia de la homosexualidad en todo el mundo y de la calvicie en Europa es fruto de la ingesta de alimentos modificados genéticamente”. En particular, la cantidad de homosexuales en el mundo, según Evo, se explica por comer pollo criado en grandes granjas y cargados con hormonas femeninas. No sé si a las vacas les inyecten hormonas masculinas y bajo esa misma lógica podríamos explicar el número de lesbianas, pero Evo no terminó de desarrollar su fundamentada tesis científica. El tema de los gays me lleva a la declaración de Tarcisio Bertone, un dignatario del vaticano que señaló que la pederastia se relaciona con la homosexualidad. Que muchos sicólogos han demostrado que no hay relación entre celibato y pedofilia, pero sí entre homosexualidad y pedofilia. Bra-vo. No sé por qué tanta saña contra los gays de parte de la iglesia, si ellos nunca cometen abortos, pero bueno, los caminos (y los hombres) de Dios son misteriosos, dicen por allí.

Para no quedarse atrás, un cardenal colombiano, Darío Castrillón, alega que las demandas por pederastia no son más que una persecución en contra de la iglesia católica (¡compló, compló!) y que incluso hay “idiotas útiles” que se prestan para demandar a estos inocentes: “No hay tanta dureza con el asesino de un niño, ni con algunas madres que ponen anticonceptivos en el morral de sus hijas que se van de paseo, pero con la Iglesia se ha desarrollado un puritanismo obsesivo”. ¡La injusticia! En México, la Conferencia del Episcopado Mexicano dice que la pederastia se debe a que la sociedad se ha vuelto muy “liberal en ética sexual” y a que la educación en las escuelas se ha quedado en una “mera información genital”. O sea la culpa de que haya sacerdotes que violan niños es de la sociedad. Además es tan poca cosa que se olvida. Al menos así les dijo Norberto Rivera a las víctimas del cura pederasta para que guardaran el secreto y no acudieran a las autoridades a denunciarlo, luego de que el presbítero violó a más de 60 niños de la Sierra Negra de Puebla: “Ustedes olvidarán pronto lo que les hizo el padre Nicolás Aguilar Rivera. Al rato, ya ni se acordarán. Deben saber perdonarlo. El padre es un hombre enfermo”.  Pobrecito, caray. Me ha sacado una lagrimita.

Estos mentecatos son los líderes espirituales y políticos en el mundo. Hagamos un minuto de silencio.

2 responses to “Estupidez: la otra plaga bíblica

  1. Cómo se agradecen un soplo crítico y una mirada irónica sobre el mundo, caramba. Me guuusta.😉

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