Las dos plagas

Por eso mi patria no tiene bandera, por eso no defiendo ni defenderé a un país, por eso vos sos mi patria, por eso prefiero habitarte. (JBT)

Muchos de nosotros crecimos con los super héroes de las caricaturas ochenteras, que ahora se reciclan en películas taquilleras. Otros crecieron con las fantásticas historias de la biblia, metidas a la fuerza o por costumbre y tradición. Dividir el mundo entre los buenos y los malos es lo más sencillo, sobre todo cuando se es niño y los matices no se perciben. Muchos crecemos con esa inercia y aplicamos ese maniqueísmo infantil a todo lo que nos rodea. Los pobres son buenos, los ricos son malos. Hacemos lo mismo con las religiones, los países, los partidos políticos, las ideologías. Resulta conveniente porque implica un menor esfuerzo: siempre es más fácil condenar al otro y meterlo de lleno en el disfraz de malo, que fundamentar el por qué de nuestra oposición. Es más fácil desacreditar todo lo que hace el otro sólo porque es el otro, que argumentar con lógica y evidencias a favor de lo que suponemos es “lo bueno”. Entran también los prejuicios heredados, los que se maman y nunca se cuestionan, y se asumen tal cual. Los estereotipos se vuelven de pronto “las pruebas infalibles” para esa posición blanconegrista del mundo. Muchas veces, los juicios no son más que aire lleno de odio, ignorancia, e incapacidad de cuestionarse las cosas.

Esto viene al caso por el incidente del barco con ayuda humanitaria que pretendía entrar a Israel sin ser revisado. He escuchado por allí comentarios dignos de Hitler mismo, condenando a todo un grupo de personas y poniendo a todo otro en un halo de inocencia total. Yo conocí médicos judíos que se dedicaban a tratar pro-bono casos de palestinos enfermos o heridos, y me consta que hay fanáticos que disparan sus misiles desde escuelas donde hay niños, escuditos humano, mártires convenientes. Ciertamente hay israelíes que aplauden el uso de la fuerza y las acciones actuales de su gobierno, pero hay otros que se oponen no sólo a eso, sino a que sean los religiosos los que gobiernen al país. En el lado palestino hay víctimas inocentes, asesinadas por cualquiera de los dos bandos, y hay también seres humanos que le niegan a un grupo de personas su derecho no sólo a habitar una tierra, sino a existir, y se solazan en el número de infieles muertos.

Cuando estuve en la Universidad de Jerusalén vi caminar por los pasillos a musulmanes, a judíos, a hindúes, a todo tipo de personas. En las calles la gente convive, comercia, intenta vivir con normalidad. Fuera de los políticos, a nadie le gusta la guerra. Quiero pensar que la gran mayoría de las personas que viven en Israel no apoyan las muertes ni de judíos ni de palestinos. Son los gobiernos y líderes religiosos intransigentes los que hacen imposible la paz. Decía Librado Rivera que mientras existan patrias habrá guerras, jamás existirá la paz sobre la Tierra. Cuando lo dijo, Israel no existía aún como tal, pero los judíos vivían allí junto con los palestinos y otros grupos. Según Librado Rivera, sin el apoyo de las bayonetas, ningún gobierno duraría 24 horas en el poder. Ciertamente desde Israel revisa los envíos de ayuda humanitaria,  prácticamente no ha sido lanzado ni un misil más desde Palestina a Israel. Previo al bloqueo, eran miles los que se disparaban. Pero las agendas políticas no tienen por prioridad a la gente. Al contrario; los seres humanos gobernados se vuelven un instrumento más. Si pasan hambre, si reciben la condena de la opinión pública, si se alimentan más los odios, no importa.

Ayn Rand opinaba algo parecido: Si los hombres quieren oponerse a la guerra, deben oponerse primero al estatismo. Mientras se tenga la noción tribal de que el individuo es sacrificable a favor del colectivo, que unos hombres tienen el derecho de mandar a otros por la fuerza, y que algún supuesto “bien” puede justificar esto, no podrá haber paz dentro de una nación ni paz entre naciones. El conflicto palestino-isarelí es simplemente eso. Benito Juárez, por su parte, lo tenía claro: separar la religión del gobierno. Es imposible que personas que literalmente creen que su chico caminó por las aguas o que llegó al cielo en un caballo volador estén tomando decisiones de las que depende la vida de los demás. No sólo es irracional y estúpido, sino también explica porqué este conflicto no es tan sencillo como para decir: estos son los buenos, estos son los malos. La triste realidad es que todo es un masacote color gris. La religión y los gobiernos, sin duda, son las dos plagas de la humanidad.

4 responses to “Las dos plagas

  1. Donde dice “masacote”, creo que es “mazacote”:

    Según el DRAE
    (Del it. marzacotto, este del ár. masḥaqūniyā, y este del siriaco mšaḥ qūnyā, literalmente, ‘ungüento de sosa’; cf. port. massicote).
    1. m. hormigón (‖ mezcla de piedras y mortero).
    2. m. Objeto de arte no bien concluido y en el cual se ha procurado más la solidez que la elegancia.
    3. m. Cenizas de la planta llamada barrilla.
    4. m. coloq. Guisado u otra vianda o cosa de masa, seca, dura y pegajosa.
    5. m. coloq. Persona molesta y pesada.
    6. m. Arg., Bol., Par., Ur. y Ven. Masa espesa y pegajosa.
    7. m. Arg. Pasta hecha de los residuos del azúcar que, después de refinada, quedan adheridos al fondo y a las paredes de la caldera.

    Que es justo la consistencia ideológica de cualquier nacionalismo y cualquier creencia de superioridad racial o nacional.

    • Liliana V. Blum

      Sí, Gatopardo. Es lindo cuando uno encuentra la palabra justa. Te mando muchos saludos.

  2. Javier B. de la Torre

    Sin estados, ni banderas ni fronteras, sin dios ni amo, sin ídolos ni mitos, sin bayonetas ni manos que las empuñen, sin derechos que alguien ceda y sin la gracia de un hombre que regule la vida. Y Liliana oficialmente entre al anuario de mujeres anarquistas.

    He de decir que me sorprende la claridad con la que manejas ideas tan complejas como las de Librado Rivera o doña Rand, me gusta el enfoque que le diste para la columna, felicidades por eso.

    Y nada, que tienes razón, todos tenemos una idea sobre esto y creo que no hace falta fijar posición acá contigo, creo que la conoces bien, sólo me gustaría añadir algo a tu columna.

    Creo que es claro que el conflicto palestino-israelí es mucho más complejo que una alusión antisemita o algún recuerdo de la cruzada antiarabe, y que el mundo se mueve entre esas disyuntivas de ver a los buenos y a los malos, aunque acá creo que más que eso hay que afrontar la realidad; si hay responsables de esto, si hay verdugos que se han servido del pueblo palestino y han engañado al pueblo judío. El origen de Israel tiene un matiz político claro, una apuesta económica que se negocio desde Herzl y se ha mantenido con ayuda de occidente. A los palestinos los engañaron haciéndolos pelear en la primera guerra a cambio de su libertad, engañados van a morir a los campos de batalla sin saber que su tierra, esa que habían defendido por muchos años, ya estaba cedida. Responsables los gobernantes ingleses y franceses que lo permitieron. Responsables los árabes que también olvidaron a los palestinos.

    Todos tenemos derecho a la vida (derecho no en el sentido normativo de los derechos universales o las constituciones, este no puede ser un derecho pues significa que alguien lo cede y estaría normado) y todos tenemos derecho a vivirla tal cual, sin embargo este derecho, tal como citas a Benito Juárez, ese derecho nunca va en detrimento de otros: ”el respeto al derecho ajeno…bla bla bla” y me parece que lanzar mísiles no es lo correcto y al mismo tiempo me parece despreciable que sigan existiendo los campos de refugiados en Palestina, me parece increíble que a estas alturas de la historia los holocaustos sigan en marcha y el mundo siga como si nada.

    Superar el holocausto no significa olvidarlo, significa recordarlo (en su justa dimensión) todos lo días para que no se repita, para evitar que pase, para no permitir que se sigan asesinando tibetanos, yugoslavos, indígenas aimaras o oaxaqueños, mujeres en ciudad Juárez. Superar el holocausto y todos los holocaustos, encabronarse por los palestinos, los tutsis, los Kosovares, encabronarse por la muerte inútil a manos de tiranos, de políticos y aristócratas, de religiosos y fanáticos que malentienden a Heidegger, enojarse y asegurarse de que nunca más pase.

    Felicidades de verdad estimada Liliana, cada día me gusta más leerte.

    Pd: esta columna forma parte del programa de la materia “filosofía y economía”.

    • Liliana V. Blum

      Javier,

      Estoy de acuerdo en todo lo que me escribes. El mundo, todos, tenemos que ser críticos, pero al tiempo, cuidadosos. Otro fuera el mundo si la gente pudiera vivir en el lugar que mejor le conviniera y no hubiera ni gobiernos ni religión que lo prohibieran. Cuando escucho que la gente dice que los judíos abandonen Israel, me pregunto a donde se pretende que vayan. Está implícito que no tienen lugar, que estos despatriados no pertenecen.

      Al fondo de todo esto siempre está la ignorancia, la educación, la mala educación. A los judíos siempre se les ha juzgado con otro rasero; los orígenes de la cristiandad. Por supuesto que cada muerte de inocentes es una tragedia, una tragedia en sí, no importa el color de la piel o si hablaba árabe o hebreo, si traía gorrita de un tipo o del otro. Pero como digo, a los judíos siempre con otra óptica. Por ejemplo, en aquellos tiempos terribles, se decía “Muera la Junta”, pero jamás “Muera todo el pueblo Argentino”. Los anticastristas o los antichavistas denuncian a Castro, a Chávez, pero no le niegan a los cubanos o venezolanos el derecho a existir.

      El Islam, según su propio libro, implica una guerra religiosa y constante contra los judíos. Los judíos son el enemigo de Alá y por ende, la matanza de judíos es una obligación religiosa. Si en las escuelas y en las casas se predica el odio, este problema no podrá trascender. Si las naciones musulmanas hermanas mandaran sólo ayuda y no armas, Israel no tendría que responder con toda su fuerza. Si hubiera la certeza de que nadie está en peligro de volar en pedazos por las calles, la vida podría volver a lo que alguna vez fue.

      Educar en la tolerancia, enseñar a cuestionar a quienes pretenden que acatemos sin chistar, sin razonar. Educar para que si alguien dice mi dios es mejor que el tuyo, el mío es el auténtico, uno se pueda reír y no pretender exterminar. Que los imanes, que los rabinos, que los sacerdotes, que los ministros saquen las narices de las aulas.

      La Tierra Santa ha estado en tantas manos que ya es imposible poner el dedo en dónde comenzó todo. La violencia se ha vuelto una espiral enorme; los familiares de las víctimas de ambas partes se sienten con derecho de vengarse. El ojo por ojo y el diente por diente nunca se aplicó con más certeza. Hace falta que alguien perdone, que alguien pare, sin que el otro bando aproveche para inflingir más mal. ¿Pero quién comienza?

      No son los líderes israelíes los que mueren, son los soldados del ejército, a veces unos chicos apenas; es la población civil que puede estar en un café y sale volando en pedazos; no son los imanes fanáticos los que se hacen explotar, son aquellos a los que les han vendido la idea del martirio glorioso, de las vírgenes, de ese dios que comanda el exterminio de los infideles.

      Creo que si sólo fuera un problema económico o meramente territorial, ya se hubiera resuelto. Pero es lo religioso, me parece, lo imposible. Los políticos y los líderes religiosos juegan su tablero de ajedrez, no importa cuántas piezas se pierdan, se rompan.

      Y dan ganas de dejarse caer contra una pared y echarse a llorar. Que Israel es un país precioso, es un país increíble donde hay más árboles que en México, nacidos en el desierto. Donde las construcciones musulmanes, judías y cristianas son hermosas. Donde el carajo mar es lo más bello del mundo. Un desierto con palmeras y dátiles, las universidades el oasis donde todos conviven como seres humanos. Pero es eso, sólo un oasis. Yo, todos los judíos que conozco, son personas buenas, y ninguna ha expresado jamás su deseo por obliterar a los palestinos, mucho menos alegrarse por el conflicto en sí. Todos los que yo conocí son personas como nosotros que quisieran hacer su vida normal, que no tienen nada en contra de los palestinos, pero que viven con miedo. Seguro hay otros que piensan diametralmente opuesto. Serían los fanáticos, también, los zionistas. Yo, los que conocí, son personas que fueron a plantar árboles para hacer bosques, para hacer un país.

      Todos, palestinos y judíos, deben de tener el derecho de vivir allí, o en cualquier otra parte del mundo. Ni siquiera debería de existir la distinción entre un grupo y otro, la religión debería ser una cosa privada, no una cosa que lo defina a uno y lo encasille en un grupo.

      Gracias por leerme, como siempre Javier. Me gusta todo lo que me dices y me alegra mucho que te haya gustado esta columna. Sólo una duda: ¿de qué materia estás hablando? Te mando un gran abrazo y espero verte muy pronto.

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